Dr. Abraham Moisés Santacruz Romero
Bol Col Mex Urol | 3 febrero, 2021
Bol Col Mex Urol 2021;36:1-2.
Urbano Cedillo López

Escribir un elogio para alguien nunca es fácil, siempre se corre el riesgo de caer en los “demasiados” más terribles, que pueden reducir a la persona elogiada a su hacer sin tomar en cuenta su esencia o viceversa. No obstante, escribo estos párrafos sobre un ser que tocó mi vida y la de muchas otras personas, como médico, maestro y amigo.

 

El Dr. Abraham Moisés Santacruz Romero nació en el Distrito Federal, el 14 de Abril de 1936, estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México como miembro de la generación 1953-1958. Realizó la especialidad de Oncología Quirúrgica en el Centro Médico Nacional, del Instituto Mexicano del Seguro Social, de 1961 a 1965. Fue un médico muy activo, que procuró mantenerse al día en su ejercicio profesional. Su trayectoria estuvo marcada por una inquebrantable integridad, que lo motivó a participar activamente en el Movimiento Médico de 1965. Su compromiso con esa causa propició su salida de la institución ese año, pero el apoyo y la recomendación del Dr. Rodolfo Gómez Rodríguez –entonces jefe del servicio de Urología del Hospital de Oncología- le permitieron llevar cabo la residencia de Urología en la Clínica Lahey de Boston, Massachusetts.

 

Al regresar a México, el Dr. Santacruz ejerció diversos cargos en los servicios de Urología,, primero en el Hospital de la Secretaría de Hacienda y posteriormente en el Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional (IMSS). Ya como especialista, se interesó por la docencia y la educación médica continua, tanto propia como para las siguientes generaciones. Obtuvo la certificación por el Consejo Mexicano de Urología en 1975, fungió como jefe de Enseñanza en el Hospital de Oncología, miembro fundador y Presidente del Colegio Mexicano de Urología de 1983 a 1985, y así mismo Presidente del Consejo Mexicano de Urología de 1990 a 1991. Para satisfacer su constante deseo de mantenerse actualizado, fue editor del Boletín del Colegio Mexicano de Urología desde 2009 hasta su muerte.

 

Su curiosidad académica y profesional no se restringió a la Urología, se capacitó en docencia, administración, salud pública, gestión pública, desarrollo directivo, entre otras muchas disciplinas con el objetivo de desempeñarse lo mejor posible en sus actividades, tanto en el IMSS como en otras instituciones.

 

El Dr. Abraham fue un hombre comprometido, tuve el privilegio de aprender de él y muchos años más tarde compartir discusiones de casos clínicos y realizar procedimientos quirúrgicos. Siempre admiré su gran capacidad para la enseñanza, además de su interminable paciencia y disponibilidad para guiar a los residentes durante tiempos difíciles y angustias, sobre todo cuando la enseñanza de la cirugía endoscópica era muy limitada por la tecnología del momento.

 

Maestros como Don Abraham hay muy pocos, quienes tuvimos la oportunidad de ser sus alumnos y amigos sabemos el gran vacío que deja en nuestro Colegio. Su partida representa un enorme reto, pues el ímpetu que tenía para seguir trabajando y la voluntad de conservar su mente abierta a seguir aprendiendo son características que no se encuentran todos los días.

 

Don Abraham fue un hombre sabio, de inigualable calidad moral, siempre dispuesto a escuchar primero, a meditar después y opinar hasta el final, hábito que lo llevó a ganarse el respeto, la admiración y el cariño de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y convivir con él. Dijo René Leriche en La Filosofía de la Cirugía: “…un hombre generoso comprende las aspiraciones y las necesidades de aquellos ante quienes se abre la vida. Los ayuda. Sabe eclipsarse, si es preciso. Así es como la autoridad se afirma mejor. Hay maestros llenos de entorchados que no creen rebajarse ayudando a los que empiezan, dándoles todo lo que saben…1, y en efecto, Don Abraham fue un hombre generoso con su tiempo, sus conocimientos y experiencia. Siempre fue muy realista pero optimista, aún al enfrentar adversidades en su salud, no se permitió darse por vencido y luchó por trabajar en su más reciente pasión hasta el final.

 

Así se fue mi Maestro: revisando un artículo próximo a publicarse en el Boletín, preparando conocimiento para compartirlo con todos. Hoy escribo en memoria del Dr. Abraham Moisés Santacruz Romero, para hacer un pequeño reconocimiento e infinito agradecimiento por todo lo que nos legó. Gracias y descanse en paz, Maestro.

 

REFERENCIA

  1. Leriche R. Filosofía de la Cirugía. Madrid: Colenda, 1951   

 

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