La educación en la residencia de Urología
Bol Col Mex Urol | 26 agosto, 2019
Eduardo Alonso Serrano Brambila

Urólogo exprofesor de los cursos de especialización en Urología
Hospital de Especialidades Dr. Bernardo Sepúlveda Gutiérrez, Centro Médico Nacional Siglo XXI, Instituto Mexicano del Seguro Social.
Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga, Secretaría de Salud, Universidad Autónoma de México.

 

La educación es preponderante que ocurra en el proceso de la atención médica en cualquier lugar donde ésta se de.  La residencia médica en Urología requiere, como todas las especialidades quirúrgicas, la adquisición de habilidades adicionales para la realización de cientos de procedimientos diversos que atañen solo a estas especialidades; por lo tanto, representa en tiempo de estudio, adiestramiento y estancia hospitalaria, un incremento sustancial para los residentes y los profesores de los cursos.

 

Para la capacitación del alumno de posgrado en Urología, además de la estructura hospitalaria con recursos humanos, materiales, de equipamiento y un sistema administrativo eficiente que permita el desempeño de tales actividades, se requieren un programa universitario que guíe y verifique la adquisición de las competencias y el asesoramiento continuado por los especialistas en la materia.

 

Existen muchos factores que modifican, en alguna medida, la enseñanza médica de posgrado en México, como en muchos otros países y uno de estos factores es la diferencia entre la actividad médica pública y privada. Básicamente en la primera la cantidad de  pacientes disponibles para el aprendizaje suele ser mayor. Además, existe la idea de que en las instituciones privadas no habrá igualmente oportunidad de tratar pacientes como en las instituciones públicas, ello debido a que los especialistas son más celosos de la atención de los pacientes privados que los de instituciones públicas; sin embargo, esto no siempre es verdad.

 

Aún dentro de las instituciones públicas hay diferencias importantes que tienen que ver con la disponibilidad de recursos, pero también con los usos y costumbres de las “escuelas”de Urología que, a veces, obstruyen el desarrollo del proceso docente, muy a pesar de que se persigue la mejor enseñanza de la Urología a través de la evidencia científica y, entonces, aspirar a la mejor Urología de nuestro tiempo debería ser el objetivo común de todas las escuelas de Urología, más allá de las formas que pretenden distinguir a una de otra.

 

Las corrientes urológicas en México han contribuido, sin duda, al engrandecimiento y calidad de la atención de nuestros pacientes. No obstante, algunos prejuicios en esta área han enlentecido el avance en diversas áreas de oportunidad, como la colaboración de los diversos servicios de Urología que permitiría una sinergia para logros importantes en objetivos comunes en la docencia de la especialidad.

 

El apego de los profesionales de la salud a la actividad asistencial es la base para lograr una plataforma donde la actividad docente y la  investigación se puedan producir con calidad; ello también depende del asesoramiento de los residentes, de la estructura de trabajo hospitalaria, de los procesos de atención en salud, de la generación de información procedente de los enfermos y de que ésta se clasifique, analice y evalúe constantemente, y así retroalimente los procesos de mejora de todas las áreas.

 

La motivación del urólogo para que se involucre en el proceso de enseñanza-aprendizaje es vital, pero con frecuencia, no todos los profesionales implicados participan activamente, dado que es claro que las necesidades de cada uno de los especialistas pueden ser divergentes y en algunos casos la apatía suele obstruir en alguna medida el proceso.

 

Existen esfuerzos por instituciones universitarias para mejorar los programas y procesos académicos dentro de los ambientes hospitalarios, sin embargo sigue siendo una dualidad en donde la institución hospitalaria es el centro de enseñanza de la especialidad y los que ejercen el proceso docente; las instituciones universitarias solo suelen avalarlo. Se requiere mayor compromiso para la evaluación no solo del proceso, sino de los actores en su conjunto y de las herramientas utilizadas. Un ejemplo a seguir es el programa nacional del postgrados de calidad en el Conacyt, donde se exige un perfil del profesor que soporte su capacitación docente, los recursos disponibles suficientes, las herramientas de evaluación apropiadas y la documentación puntual de todos los elementos teóricos, afectivos y psicomotores alcanzados por los educandos y exige a las universidades avalar cada uno de los procesos para certificar el programa y otorgar las prestaciones en becas y recursos para los residentes del programa.

 

La reflexión de los que estamos involucrados en la docencia de la especialidad en las diferentes sedes de nuestro país es de suma importancia para seguir avanzando en la enseñanza de los residentes, a fin de dar mejores oportunidades de salud a nuestra sociedad a través de la excelencia en la preparación de los especialistas en urología.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *